Feb
u oficina es un pequeño museo. Allí exhibe parte de su colección de sillas de diseñadores famosos. Entre ellas, una de patas de acero, asiento y espaldar de plástico rojo: su silla Mariposa (1972), la primera de diseño industrial producida en serie en Colombia.
Arquitecto y diseñador industrial, su pasión por los muebles le viene de familia. Su padre fue el fundador de Manufacturas Muñoz. Estudiar en el exterior le dio la visión para desarrollar una silla de plástico inyectado, en un tiempo en que, dice, solo se fabricaban de madera y tubería. "La gente pensaba que se quebraban". Relata con emoción cómo para demostrarles a los clientes su resistencia, la ponían boca abajo y saltaban sobre ella. En un año vendieron más de 100 mil sillas Mariposa que "volaron" a universidades, bares y buses; al estadio Atanasio Girardot y a otros escenarios deportivos en Barranquilla y Panamá.
En 1987 fundó Arquimuebles. Mobiliario para colectividades y urbano ha sido su enfoque en estos 25 años. "Hacer cosas sencillas es muy complicado", dice sobre el diseño simple que tienen sus muebles, esos que cuando apenas son una idea dibuja con lápiz y que a veces pinta con acuarela, su otra pasión. Para él "no hay meta, solo camino". Así ha dirigido una compañía que hoy lleva sus diseños a Panamá, Costa Rica, Perú y Ecuador.
MARÍA PAULA ZULUAGA, PEZETA
Cuando tuvo la muerte muy cerca, decidió cambiar su vida: dejó su profesión de publicista y se dedicó a eso que desde siempre la hacía vibrar: el diseño interior. Lo que empezó como una afición tomó forma de empresa en el 2004: Pezeta Diseño y Mobiliario.
Arriesgarse le exigió más preparación. Todos los destinos de sus viajes con su esposo los enfocaba a las ferias mundiales de diseño y arquitectura. "Eso para mí fue una universidad increíble", dice.
Muebles contemporáneos, que expresen calidez y le gusten desde a una pareja joven o a un soltero hasta una señora, definen la esencia de la marca. Lo consigue con líneas sencillas y "toques que marquen la diferencia".
Juega con los acabados, en especial con las chapillas: a modificarles su color o su ubicación en el mueble. Trabajar algunos procesos con el talento de artesanos es otro sello de identidad. "Con ellos a nada le dices que no. Terminas creando cosas que parecían imposibles", expresa María Paula.
SANTIAGO GIL, ARQUITECTO
"Mi material preferido es el que no conozco". Es curioso. Disfruta ser peatón y le sirve de "20 mil maneras", exagera. Recorre a pie o en bus la ciudad, detalla su arquitectura, y descubre en la calle nuevos materiales y proveedores. Arquitecto, diseñador de interiores y mobiliario. Santiago hace parte de esos profesionales que, sin tienda donde exhibir sus creaciones, diseñan un mobiliario a la medida, con alta dosis de ingenio y calidad.
En su trabajo, cuenta, es vital entender al usuario, conocer a fondo sus gustos, su estilo de vida. Sin embargo, eso no le implica renunciar a su estilo particular. El suyo tiene premisas claras: simple pero no aséptico ni aburrido, "debe tener sabor", emocionar, y ser flexible. "Me aterra la plata perdida". Para él es clave que los muebles se puedan mover, cambiar de lugar, "acompañar a su propietario a donde vaya". El color es un capricho, siempre que puede lo ofrece. No tiene uno preferido, aunque ahora es el amarillo. En un pequeño maletín negro carga sus herramientas de trabajo: las muestras de chapillas y de pinturas de poliuretano.
En su mobiliario son protagonistas las formas rectas. En este momento su inspiración es la arquitectura, la minimalista, la de Peter Zumthor o Sou Fujimoto, con sus volúmenes. Que la persona se identifique con su mueble y lo disfrute, es su mayor recompensa, y la forma de que su teléfono vuelva a sonar.
MERCE ROBLEDO, AD AMOBLAMIENTO DISEÑO
El primer trabajo que tuvo cuando terminó su carrera de Arquitectura en la UPB fue diseñar y vender ropa en Guayaquil. Duró un año en esta aventura. "Salí de la universidad y sentí que la construcción era muy comercial", relata. Se decepcionó. Solo fue cuando una amiga diseñadora de interiores le propuso que trabajaran juntas, que se reconcilió con su profesión. Fundaron AD Amoblamiento y Diseño.
Diecinueve años después, Merce está al frente de una de las firmas de diseño de mobiliario y arquitectura interior con más trayectoria en la ciudad. ¿La clave del éxito? Profesionalismo y rigor. "La consolidación que hoy tenemos es porque hemos sido muy honestos con lo que hacemos y por ofrecer siempre calidad". Lo dice en plural, con su voz y sus maneras suaves, porque considera vital el compromiso de su equipo de colaboradores.
Viajar, visitar museos, leer revistas internacionales, ver qué está pasando en el mundo nutre su creatividad. La inspiración, confiesa, le llega con quienes buscan sus servicios, cuando escucha sus necesidades. Esos sueños los convierte en un mobiliario "atemporal, sobrio, de líneas definidas, diseños que envejezcan noblemente",describe.
Madera, metal, cuero, textiles y chapillas decorativas, sus materiales preferidos, los lleva siempre y de forma distinta a los proyectos que dejan en sus manos, en la ciudad y en municipios cercanos, en Bogotá y Cartagena, y uno muy especial para ella, una casa en Guatemala.
MARCELA RINCÓN, LOCOMPLEJO
Arquitecta. Independiente y auténtica. En 1996 creó -junto a una amiga- LoComplejo, con la idea de hacer cofres para las cenizas de los muertos. De ahí el nombre, "por lo complejo de la muerte". Desistió a los tres años y montó una tienda, en la calle 10, donde ofrecía muebles y objetos de su autoría. Sus diseños están marcados por la personalidad de quien los va a usar. También por ser "una propuesta más internacional". Le interesa que sus muebles sean prácticos y divertidos. Lo consigue con el color y, en ocasiones, transformando cosas antiguas. Dejó la tienda en 2008. Compró un contenedor y lo ubicó en el parqueadero que unos amigos tenían alquilado en El Poblado. Fue el inicio de Zona Libre, un espacio comercial en contenedores. Hoy combina su trabajo como diseñadora y arquitectura con la administración de Zona Libre. "Me gusta mucho porque siento que estoy haciendo algo por la ciudad", comenta desde su pequeña oficina, en una de estas cajas de acero.
ESTEBAN GÓMEZ, PERCEPTUAL STUDIO
Si entra a un espacio y ve un cuadro torcido, no descansa hasta enderezarlo. Ese espíritu observador lo aprendió de su madre, diseñadora de interiores. Ingeniero de Diseño de Producto, de Eafit, durante toda la universidad trabajó medio tiempo con ella.
Hace cuatro años montó su estudio de diseño: Perceptual. Empezó como una oficina pequeña en la Vía Primavera. Al año se mudó a un local más grande -donde ahora-. Los muebles de Perceptual, cuenta Esteban, tienen como referente el diseño escandinavo: desprovisto de adornos, muy blancos y de maderas claras. "Buscamos que sean funcionales, resistentes, ecológicos, que se puedan configurar de distintas maneras y que sean muy básicos en sus formas, materiales y construcción". No olvidan el color "porque nos interesa que sean divertidos". La fórmula de diseño de su equipo es constante: que cada 15 o 30 días quien visite la tienda encuentre algo nuevo. "La idea es volverla un modelo de negocio y replicarla en otras ciudades", dice.
También le apuesta al estudio de diseño, dirigido a negocios más grandes y a proyectos corporativos. Convertirse en una plataforma para nuevos talentos es otra iniciativa. Y suma dos sueños más: participar en concursos de diseño y salir a ferias internacionales.