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Pensi cree en el trabajo en equipo.
A Jorge Pensi le encantaría que alguien que comprara una de sus lámparas y a los siete años, por alguna razón, se le cayera, volviera a adquirirla porque le gustaba. "Eso me parece una cosa valiosa", dice.
Crear objetos atemporales es el gran interés de este arquitecto y diseñador argentino, que en 1997 empacó maletas para España en busca de nuevos horizontes. Y los encontró. Allí, en 1985, fundó su propio su propio estudio de diseño, especializado en mobiliario, iluminación, imagen visual y montajes.
Algunas de sus creaciones son consideradas como referentes del diseño español contemporáneo. En 1987, el Ministerio de Industria y Energía de España le otorgó a Pensi el Premio Nacional de Diseño.
La silla Toledo, su diseño con más reconocimiento, hace parte de la colección permanente del Museo Vitra, en Alemania. "Se puede basar tanto en la armadura de un caballero medieval forjada en Toledo, como en la máscara de un combatiente de la guerra de las galaxias", comenta de este diseño el arquitecto y diseñador industrial Oscar Darío Muñoz.
Esta semana estuvo por primera vez en Colombia y en Medellín, invitado por el Sena al tercer Congreso de Diseño de Mobiliario, donde habló sobre ese largo camino que hay entre el deseo (las ideas) y la realidad (el producto final).
¿Por qué siendo arquitecto llega a diseñar muebles?
Es una cuestión coyuntural. Yo estudiaba arquitectura, en segundo año se cerró la universidad por problemas políticos y entonces con un compañeros dijimos: por qué no cogemos esos paneles de goma que habíamos hecho para una asignatura, los ponemos en la pared y los ofrecemos en una tienda de muebles. Así empezamos a fabricar objetos decorativos para vender en tiendas de mobiliario.
Después unos amigos nos pidieron el diseño del interior de una sala. De ahí vino otra sala y una más, hasta que nos dimos cuenta de que no tenía mucha gracia tener que diseñar los muebles cada vez para cada uno. Y dijimos: por qué no los diseñamos y los producimos. Hicimos dos o tres colecciones de muebles de madera y los vendíamos en una tienda en pleno centro de Buenos Aires. Era muy curioso porque en esa época, mis clientes eran mis profesores de la facultad.
Hasta que llegó un momento y dijimos: por qué no buscamos un nuevo horizonte. Dejamos todo en manos de alguien y nos fuimos a España.
¿Por qué se especializó en el diseño de mobiliario y de iluminación?
Cuando tienes un área de intervención donde tienes cierto éxito, siempre eres reclamado para esa misma área. Pero también he hecho otras cosas: un ventilador de techo, ollas, cubiertos, un reloj para Alessi... Cuando eres arquitecto puedes trabajar a pequeña y a gran escala.
Leía que lo que más le interesa es el carácter atemporal de los objetos. ¿Cómo se logra eso?
Es una voluntad pero no hay una fórmula para hacerlo. Simplemente, es trabajar de alguna manera alejado de la moda del momento y hacerlo como tú crees.
¿Le presta atención a las tendencias, a las modas?
Pero es que no sé cuáles son las tendencias en el diseño. Por ejemplo, en este momento es la sobre abundancia del plástico. Hasta hace un año todos los televisores eran plateados, hoy son negros... bueno, volverán a ser plateados después... (risas)
La silla Toledo fue diseñada en el año 86, está en el mercado desde el 88, eso es mucho tiempo para un objeto de estos y me siento feliz por eso.
La Toledo es su creación más reconocida. ¿Cómo fue su proceso de creación?
Muy simple. El cliente pidió una silla de exterior de tubo de aluminio. Empecé a trabajar y me di cuenta que no estaba haciendo nada interesante. Pensé: si las cortadoras de jamón se hacen de aluminio anodizado, también se puede hacer una silla con este material. Y así fue. Son momentos importantes que se te ocurren.
¿De dónde surge la inspiración para sus diseños?
Yo creo que surgen de la vida. A mí, por ejemplo, si tengo que hacer algo no hago un research (investigación) previo, no me gusta, no quiero influirme para nada. La inspiración aparece cuando tienes el proyecto. Los músicos, Chaikovski, creaba música porque le botaba de adentro. El diseño es diferente. A ti te surge la inspiración cuando tienes un pedido concreto.
¿Cuáles de sus diseños le gustan más?
La Toledo es otro mundo, quiero decir, es único, en el sentido de que una silla me ha hecho conocido en el mundo.
Hay una silla que hice para Kusch en 1996, llamada Hola, fue la primera de esa historia de sillas de asiento y respaldo plástico, me dio mucho placer. Las cocinas que hice para Poggenpohl me interesan mucho. Cuando digo cocina son los muebles. Fue interesante que esta compañía alemana me contratara porque tenía un cierto nombre y porque nunca había hecho una cocina. La experiencia de diseñarla fue fantástica.
¿Qué elementos son fundamentales para usted en un espacio?
En mi casa, en Barcelona, no tengo mucha luz en determinadas zonas. La cocina, por ejemplo, tiene luz artificial. Entonces construí una casa en el campo donde hice todo lo opuesto. Hasta tal punto que me decía: por qué hacés una claraboya arriba del baño si tienes luz... ¡quiero el sol hallá arriba!, respondía.
La luz natural es súper importante. Me gusta mucho también crear atmósferas con la luz artificial.